Las Zapatillas.
Siempre he
creído que las amistades son como las zapatillas, pueden ser muy buenas y durar
mucho tiempo-incluso toda una vida-o ser malas y durar meses o, en casos
extremos, tan solo semanas. También, al igual que con las zapatillas, se cambia
de ellas mucho más cuando eres niño que cuando se es adulto. Otro punto en
común con las zapatillas es, desde mi punto de vista, que tú las elijes, y así
demuestras tus gustos e, incluso a veces, tu forma de ser. Importante es, por otro lado, que también las
amistades van siempre de dos en dos, pero no siempre tienen que coincidir-ser
del mismo par-; uno puede entregarse al máximo, como la mejor zapatilla de
montaña, y el otro no, creyendo a su amigo esa típica zapatilla para andar que
se compra en los chinos y que puede incluso encantarte, pero que se cambia en
cuanto se tiene material mejor. Siendo así, este último, el que de verdad es lo
que cree que es el otro.

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